lunes, 26 de noviembre de 2012

-Capítulo tercero-

- Ceremonia-


  La aglomeración de gente entorno al altar era mas que evidente, miembros de todas las familias y razas de la región estaban reunidas en aquel mágico lugar. Había licántropos de los bosques de los Picos, hombres pantera de las llanuras selváticas, vampiros de todos lugares desde familias de Ancares hasta los propios de la ciudad de Samuin, todos los clanes de los hechiceros tenían representación. El clan de Calián, el de Matusain, el de Fagaar, los descendientes del clan de Turínia, y por supuesto el clan de Aarón. En cada rincon reconocía aun amigo, un vecino o un conocido.

  Pude ver a mi padre hablando tranquilamente con Nahir, un hombre pantera de Illena, la gran selva central del país que se extendía desde el lado sur delos pies La Montaña de Picos y hasta el desierto de Fagaar. Un tipo alegre, divertido, y en el fondo como todos los weerecat (como les gustaba ser llamados), un adolescente eterno. Sus ojos castaños, su pelo castaño y esos rasgos felinos tan característicos de los weerecat le conferían un aspecto tranquilo y peligroso al mismo tiempo. Sus dos hijas pequeñas, Malina y Vannis, habian sacado la mirada verde tan característica de su madre y de no ser por el tamaño de ambas no se distinguían, tanto en su forma felina como la humana. Dos pequeños ángeles que les gustaba jugar a ser demonios.

  Mi tía, Donna, estaba al lado de su vecina y amiga: Lorelein Cobert. Su cabello rubio, sus grandes ojos castaños y su sonrisa lobuna, encajaban perfectamente con su caracter sereno y sus dotes de liderazgo. Sus dos hijos la pequeña Patrice de 6 años, igualita a su madre solo que un poco mas hiperactiva, y Robert Jr., tan nervioso como siempre desordenándose el salvaje pelo dorado por la impaciencia de ver empezar el ritual, tironeaba de la manda de su padre, Robert Martins. A pesar de su aspecto fiero y asocial, Robert padre, era un tipo amable y protector; su cabello castaño y tan desordenado como el de su hijo, su alargado rostro de rasgos afilados de mirada vigilante y atenta era en aquel momento nada más y nada menos que alfa de la manada Ceslana, la manada más grande y antigua de toda la región.

  Después de dejar divagar la mente mirando a los invitados me cercioré que ya era hora de dar comienzo, me adentre en El Panteón de las Almas, lugar de descanso de los más grandes brujos de la región, construido en honor a mi antepasado, en el pórtico rezaba la frase:
"AQUEL QUE NO VE EN EL MUNDO LA BELLEZA JAMÁS VERÁ SU MÁGIA"
  Dejé escapar un suspiro, de alivio cuando crucé el umbral y me adentre en la cámara central, la tumba de Aarón presidía la sala, con su pétrea figura sujetando el báculo de ceremonias, y un texto grabado a sus pies:
"Aarón, creador de la barrera, creador de la paz entre los mundos"

  Rodee la escalofriante figura y subí los escalones que permitían aquel que fuese elegido por la piedraespejo tomar el bastón de ceremonias. De la piedraespejo, colgada de mi cuello en ese preciso instante, derramaba un brillo verdoso casi blanquecino por encima de la figura de mi antepasado. Estiré mi mano por encima de la tumba y, con un profundo suspiro agarre con fuerza el bastón, y entonces ocurrió: el báculo se ilumino con un tenue color rosáceo y se elevó suavemente atravesando las rocosas manos de Aarón. Una onda de energía pura se libero y recorrió toda la sala. Durante unos instantes, admiré la belleza de tal pieza de maestría, magia pura creada a partir del Árbol Madre, aquel que une sus raíces entre los dos mundos. 

  Con el bastón en mi mano, bajé los escalones y salí de la cripta. Todo estaba listo, los dragones habían encendido la hoguera,  los que comenzaban y terminaban su aprendizaje estaban en su sitio, unos al lado de su dragón y otros al lado de los futuros dragones, aun por eclosionar. Alana me esperaba con gesto orgulloso detrás del altar mayor, subí la pequeña inclinación que me separaba de ella, a cada paso de mis pies descalzos brotaron pequeñas flores y plantas del suelo. Me situé frente a los presentes tome mucho aire y comencé:

-Hace eones, nuestros antepasados comenzaron a comprender a la tierra, a amarla, a respetarla, a convivir con ella y a canalizar su energía. Otras familias de este mundo compartían nuestro sentimiento, muchos de los cuales tienen representación aquí esta noche. Sin embargo, otros seres se dedicaron a aprovecharse de ella. La tierra moría lentamente, y algunos de esos seres descubrieron el paso entre los mundos, quisieron aprovecharse del paso entre los mundos y nutrirse de nuestro mundo. Los seres de nuestra tierra lucharon duramente por mantener nuestro mundo sano y libre de esa plaga que mataba su mundo, y no contentos con eso, deseaban devastar el nuestro. Hasta que al fin un hechicero del que todos conocemos el nombre, decidió pedirle ayuda al Árbol Madre y este le escuchó. El Árbol doblo una de sus ramas, hasta que se quebró, el hechicero la tomo entre sus manos, - levante el bastón ante los ojos de todos,- y se presento entre los dos ejércitos, clavó el báculo en la tierra y una onda de energía hizo una brecha en el mismo aire, barriendo a aquellos seres a su mundo y sellando la abertura entre los mundos. Desde entonces nuestros mundos están separados, mientras nuestra tierra es sana, la suya agoniza. Sólo los seres con una conexión especial con la tierra tienen el poder para cruzar la barrera entre mundos, algunos ya han renegado de volver a esa tierra baldía y hostil, pero otros siguen luchando por él y dándole su energía a la tierra para defenderse de los ataques.- Me aclare la voz antes de continuar.

  Los iniciados en esta ceremonia se acercaron con sus huevos de dragón y los dejaron sobre los cuencos de agua marina que habían sido colocados en el altar.

-Esta noche tan señalada estamos aquí para enseñar a los nuevos miembros de esta comunidad, a crear y mantener su vinculo con la tierra, y la magia que de ella emana ¡Hermanos dragones, que de vuestro fuego surja la vida! - Cada dragón de los que terminábamos el aprendizaje escupió si primera bocanada de fuego sobre el huevo de uno de los iniciados hasta que la llama se mantuvo por si sola.- Cuando amanezca, tendréis un compañero, que os seguirá hasta el final, al que deberéis cuidar enseñar y proteger de la misma manera que ellos harán por vosotros.- Los que culminábamos el aprendizaje dimos la vuelta al altar y cogimos las manos de nuestros nuevos pupilos, mi hermana temblaba y mi primo no paraba de morderse el labio.- Vosotros deberéis escuchar a vuestros nuevos maestros, pues os daremos las pautas para convivir con la tierra, así como en este momento os entregamos la chispa de magia que os hará sentir el mundo como sólo los hechiceros podemos hacerlo.- Concentre la fuerza de la energía principal que recorría mi cuerpo en las palmas extendidas de las manos de mis familiares y, ahora, pupilos; cree dos bolas de energía intensas y dejé que ambos las absorbieran en sus cuerpos.

-Al mismo tiempo que ellos empiezan.- Proclame dándome la vuelta y dirigiéndome junto con mis compañeros a la gran roca plana central que se situaba en el centro de Las Rocas, rodeando la hoguera me quité la piedraespejo del cuello y se lo pase a Phoenix, que estaba a mi derecha.- Nosotros terminamos el ciclo desvelando nuestro espíritu, aquél que nos guiara.

  Phoenix levantó con dos manos la piedra hasta situarla entre el y el fuego, las llamas crepitaron y de ellas salio un gran pájaro de fuego que se alzo hasta situarse encima de mi amigo y después estallo con el suave canto de un ave fenix. Pasando cristal al compañero de su derecha, que repitió en gesto con el resultado de un precioso pegaso. Así continuó hasta que todos mis compañeros vieron su espíritu, salieron un cerbero, un hipocampo, una sirena, un esfinge, un hipogrifo, un golem, un ent, una quimera y una driada a mi buena amiga Andriuw antes de volver a mi. Sujete el talismán entre mis manos, lo levante hasta verlo por encima de las llamas  y vi por un instante mi cara reflejada, al parpadear desapareció. Las llamas se elevaron y elevaron, de ellas se fue formando lo que al principio pareció ser un dragón de plata acurrucado entre sus alas. De pronto estiró las alas y dos pares de fieros ojos me miraron desde dos cabezas gemelas y dos bocas de grandes colmillos se abrieron, una de fuego, la otra de hielo; era como un esqueleto de dragón metalico y aterrador. Se elevo por el aire y con un rugido terrible, la piedraespejo se resbalo de mis manos, ese ser se lanzo en picado hacia mi. 

  Todo se volvió negro, sólo sentía fuego y hielo, quemaba, dolía, agonizaba, me estaba matando. Sentí elevarme,  luego caer, después... Después nada.