-Tatuaje-
Oí murmullos a mi alrededor, me dolía todo el cuerpo, me sentí devastada; como en una mañana después de estar toda la noche anterior de fiesta; la cabeza me daba vueltas y mi corazón parecía querer salirse de mi pecho, como si hubiera estado corriendo perseguida por un grifo salvaje. Abrí lentamente los ojos, unos destellos rojos y azulados me deslumbraron por un instante. Cuando conseguí enfocar la vista vi que estaba en la gran habitación auxiliar de la casa de Varinnia. No era la primera vez que la hechicera y botánica mágica me acogía en su casa después de un accidente tonto, una habitación grande y luminosa dentro de un recoveco de la ladera, con una gran claraboya en el techo y grandes ventanales en la pared que daba a los prados, una casa muy natural acorde con una hechicera tan particular como Varinnia, que a pesar de sus cuarenta y muchos años, tenia el espíritu de adolescente y la sabiduría de varios siglos de estudio de las plantas que sus antepasados legaron a nuestra comunidad.
- Parece que ya despierta.- Escuche a Micke. Phoenix susurro algo a Micke, pero no pude oírle.
- Dejadme pasar,-dijo Varinnia, mi siempre salvadora,-¿Quieres agua cariño?- me pregunto ella.
- Sí, por favor.-hable con la voz rasposa, como si hubiese tragado toda las cenizas de un volcán.-¡Ay!
- No cariño no te incorpores de golpe,- me advirtió la dueña de la casa,- has sufrido muchos daños, temo que alguno de ellos pueda ser permanentes.
- ¿Permanentes?-Me levanté lentamente ignorando el dolor y aun atontada,- ¿Qué ha pasado? Estábamos en la ceremonia, desvelando los espíritus de cada uno. Apareció un Dragón plateado, pero con dos cabezas y dos colas, y luego... - Agarre la el vaso de agua que me ofrecía, y vi algo en mis brazos unas cicatrices, un dibujo plateado del color de la ceniza, ¡Eran las colas de aquel monstruo, de mi espíritu!- ¿Qué es esto?¿Qué paso anoche?-Alterada y aún dolorida mascullé un aullido de dolor cuando las marcas de repente se movieron y me apretaron.- ¿Habéis visto eso? ¿Decidme que también lo habéis visto?
- Tranquilízate Ely,- me dijo Phoenix totalmente relajado,- Sólo se te fue todo un poco de las manos, como siempre.- Se mofo con media sonrisa intentando quitar hierro al asunto.- Tu espíritu se materializo un poco más de lo normal y empezaste a arder un pelín, menos mal que tienes una dragona que es un prodigio, ella bueno...
- Ella te sujeto de los hombros, te alzo sobre las aguas del acantilado y te dejo caer.- Continuo Will para darle un poco más de velocidad a las palabras que parecían atragantar a Phoenix .- Después se lanzo en picado a recogerte y llevarte sobre el altar mayor, allí Varinnia te dio unos primeros auxilios, ella y tu padre te trajeron hasta aquí. Alana vino detrás de ellos, lleva sin moverse de la puerta desde entonces, hemos tenido que traerle algo de comer, pero no ha querido probar bocado desde entonces.
- Bueno, comió ayer antes de la ceremonia,- repuse yo- Y no deben ser ni las doce de la mañana todavía.
- Ya, la verdad es,- continuo Andriuw arrascandose la frente como siempre ante una respuesta difícil y mirando a una esquina de la habitación- que hace cinco días de eso.
No podía hablar simplemente me quede con la boca abierta, pensando: "cinco días". No era capaz de creerme lo que estaba pasando, y ¿ Qué había pasado con la ceremonia? ¿Cómo podía haber pasado tanto tiempo? ¿Por qué la marca de mi espíritu guía era tan persistente, tan grande?
- ¿Te encuentras bien querida?- Pregunto Varinnia sacándome de mi trance con gesto preocupado.
-¿Qué? Mm, si, por supuesto.- Mentí y esbocé una gran sonrisa para que se despreocupara.-Creo que debería levantarme y empezar a retomarlo todo, al fin y al cabo tengo unos aprendices a los que enseñar el significado de ser un hechicero.
-No te preocupes por eso,- contestó Andriuw mientras yo terminaba con la tercera jarra de agua- yo me he estado encargando de ello durante tu convalecencia.
-Dejemos la sola para que se cambie y se prepare- Varinnia se acercó a mi y me susurro señalando la puerta a verde que daba al baño,- Te he dejado la bañera preparada, bien caliente, como a ti te gusta.- me guiño el ojo y salio detrás de todos los demás por la puerta que daba al amplio salón-comedor.
Me senté en el borde de la cama un poco menos dolorida, tenia puesta una de las túnicas blancas de la enfermería, volví a fijarme en las marcas de mis brazos, que parecían no apretar tanto como antes, y fui recorriendo con los dedos de mi mano izquierda los dibujos de mi otro brazo. Las vertebras de aquel extraño ser se enroscaban en mi brazo, acabando en algo parecido a una punta de flecha, y cuando estaba pasando mis dedos por la punta...
-¡Ay!-Una gota de sangre surgió de mi dedo, ¿Me había cortado?¿Una marca? ¿Algo que no parecía mas que un tatuaje?
Alana se asomo inmediatamente al ventanal con gesto inquieto y gruñendo.
-Tranquila, sólo... Es un corte.- Me levante y me aproxime a abrir el ventanal para que la brisa de verano entrase en la habitación.- Me han dicho que no has querido comer,-Le replique a la dragona que me miró frunciendo el ceño,- Sí, claro, échame a mi la culpa, como si te hubiese robado la boca para comer.- Le eche una mirada desafiante que se derrumbó en un instante convirtiendo se en sonoras carcajadas,acerco su cabeza a mi cuerpo y me puse a acariciarla un instante.- Bueno señorita creo que es hora de que comas algo, yo estoy bien, ya sabes que soy una pupas y si Varinnia te encuentra con la cabeza aquí metida nos va a caer una buena.
Alana saco la cabeza da la habitación y fue hacia el draconarió de la casa sin quitarme los ojos de encima. Di media vuelta y me dirigí hacia el baño, cuando entre los vapores de la bañera ya habían cubierto el espejo cuerpo entero que allí había. Me quite la túnica y pasé un trapo para desempañar el cristal y estudiar mas a fondo las marcas de mi cuerpo. "¡Vaya!", resonó en mi cabeza, las marcas no solo cubrían mis brazos, en mis hombros se apoyaban las dos cabezas de ese ser, en el hombro izquierdo surgía la cabeza de ojos y dientes rojos, como el fuego, y en el derecho parecía tener ojos y dientes de hielo, pero eso no era todo.Sus cuatro garras parecían hundirse en mi cadera, y en la espalda, de una columna de metal dos alas recogidas surgían de mis omóplatos tan perfectamente definidas que parecía que iban a abrirse y aletear en cualquier momento. Del final de la columna y por debajo de las alas dobladas, las colas ascendían hasta mis hombros y se enroscaban en mis brazos. Parece que la prohibición de mi padre de hacerme un tatuaje mientras viviese bajo su techo, no iba a tener mucha valía de ahora en adelante.
Después de un baño relajante y sin inconvenientes (al menos no me ahogue ni me secuestro el jabón frutal de Varinnia), conjure algo de ropa mundana, un vaquero algo desgastado, una camiseta militar y unas deportivas cómodas. Salí de la habitación dando un último vistazo a las marcas cuando sujetaba el pomo de la puerta.
En el salón-comedor Micke y Andriuw ponían la enorme mesa, mientras Phoenix y Will estaban sentados en el sofá remoloneando y hablando animadamente con Gael Donovan, para mi sorpresa. Donovan era conocido como " el viejo de la biblioteca";el bibliotecario retirado de la B.C.S. (Biblioteca Central de Samuin), pero que a pesar de todo parecía que vivía en la gran biblioteca, a cualquier hora le podías encontrar allí, con su túnica gris, su sombrero picudo de cuero viejo y sus babuchas azules; vagabundeaba por los pasillos o contando historias que alguna vez leyó a los aprendices.
-Parece que sales más que nunca de la biblioteca, Don. ¿Acaso soy la responsable?- Dije para saludar al viejo hechicero, que me devolvió una gran sonrisa entre su larga barba gris.
-Niña, nos has dado un tremendo susto a todos,siempre metiéndote en líos.- Se puso serio por un momento y se oscurecieron sus brillantes ojos azules a través de sus gafas antiguas mientras enfocaba en mis brazos y antes de estallar en carcajadas como un loco y alegar.- Parece que el regalo que te hizo tu espíritu es tan exagerado como tus convalecencias en casa de Varinnia, jajajaja.
Se abrió la puerta y entraron Aeryn y Max como una exhalación, corriendo hacia mí, se tiraron encima mio a abrazarme al grito de "¡Tata!" y los tres caímos sobre el sillón color canela que tenia detrás.
-No vuelvas a darnos un susto así.- Me espetó mi hermana muy seria.
-Ya vale, - se oyó a Varinnia desde la cocina- dejadla descansar.
-¿Descansar? - Oí a mi padre desde la puerta.-Pero si eso es lo único que ha hecho en los últimos días, tiene que empezar a moverse, además ahora tiene "responsabilidades".- añadió mirando a mis pupilos por encima de sus gafas de montura azul marino mientras cerraba la puerta.
-Eso lo decidiré yo,-Le espetó Varinnia saliendo de la cocina con una gran fuente de salsa seguida de Whynne, su trasgo doméstico, que iba cargado con una bandeja con cinco enormes pollos asados y otra con patatas cocidas y fritas .- Lo primero es reponer fuerzas, así que todo el mundo a la mesa.
-Me parece que os dejare comer tranquilos entonces.Tengo que volver a mi biblioteca. - Anuncio Don levantándose con un gruñido de esfuerzo.
- Vamos viejo,-dijo mi padre,- quédese a almorzar, tenemos comida de sobra para un regimiento de dragones y los pequeños estarán encantados de oír alguna de las leyendas populares que tanto te gustan.
-Me temo que tendré que rechazar tu invitación a la mesa,- Dijo el anciano hechicero acercándose a la puerta.- Pero a los pequeños y a su ya recuperada maestra podrían pasar esta tarde por la biblioteca si gustan de alguna historia.
-Allí estaremos Don.-Respondí automáticamente mientras me sentaba en una de las sillas que miraba hacia la ventana del comedor en la enorme mesa.
-Pues siendo así me voy ya,-Cogió su viejo bastón.- Hasta la tarde niños.- Con una sonrisa hizo aparecer un par de dragones de papel que fueron volando hasta los pequeños y se posaron en sus hombros.
Los niños se quedaron boquiabiertos, y sonrieron. En la mesa todo olía delicioso,una enorme fuente de sopa, el pollo, las patatas, las grandes jarras de zumo de grosella, de naranja, de manzana, de uva y los panecillos recién hechos, receta de Whynne, al que invite cordialmente a sentarse a mi lado después de su tercera vuelta cargado de la cocina. A pesar del aspecto maltrecho y deforme de la mayoría de los trasgos, los trasgos domésticos como Whynne, eran bastante parecidos a los duendes. Whynne, en concreto, media poco mas de cinco palmos de altura, tenia los ojos enormes, verdes y saltones, con grandes ojeras (ya que los trasgos domésticos apenas duermen), una boca fina, ancha y torcida , unas orejas grandes y puntiagudas y una piel parduzca surcada por las arrugas. Vestía su traje tirolés preferido, con un pantalón corto de cuero, camisa amarilla tirantes verdes y hasta un sombrero con pluma de Esfinge dorada.
El pequeño trasgo hizo una reverencia hacia mi con su gran sonrisa y se sentó a mi lado. No me di cuenta del hambre que tenia hasta que empezamos a comer, me entere que la marca de espíritu de mis amigos no había sido tan exagerada como la mía. A Phoenix, el cual se había cortado el pelo para que se le viese mejor la marca, su ave le había dejado una pluma colgando de su cabello, a Andriuw su Esfinge le había regalado una marca con forma de león en el hombro derecho, el de la fuerza y otra con forma de águila en el izquierdo, el de la sabiduría, a Micke su tritón, le regalo unas hermosas escamas plateadas en el dorso de su mano, y por último a Will su cerbero le obsequio con unos afilados colmillos que habían sustituido a los suyos , casi parecía un vampiro. En un momento dimos cuenta de todo lo que había en la mesa, incluso algunos repetimos varias veces. Con el estomago lleno y después de recoger la mesa, quedé en encontrarme con mis pupilos en la biblioteca en un par de horas, cogí un par de manzanas y salí en dirección al draconarío, necesitaba organizar unos asuntos y pasar por casa.
Cuando llegué me encontré a Alana dando buena cuenta del tercer cuévano de pescado. Levanto la cabeza y soltó un gran eructo. Cuando me vio ya había saltado la valla. Se acerco a mi olisqueando la bolsa con las manzanas, saque un par de ellas y las devoró encantada.
-Bueno pequeña, hay que ir a casa-dije mientras me subía a su lomo y me sentaba en el hueco entre las alas,- ¿Qué te parece si ahora damos nuestro "primer vuelo"?
Soltó un gruñido divertido, casi como una risa, y con un único batir de alas cogió impulso y nos elevamos, perdiéndonos entre las nubes.
- Tranquilízate Ely,- me dijo Phoenix totalmente relajado,- Sólo se te fue todo un poco de las manos, como siempre.- Se mofo con media sonrisa intentando quitar hierro al asunto.- Tu espíritu se materializo un poco más de lo normal y empezaste a arder un pelín, menos mal que tienes una dragona que es un prodigio, ella bueno...
- Ella te sujeto de los hombros, te alzo sobre las aguas del acantilado y te dejo caer.- Continuo Will para darle un poco más de velocidad a las palabras que parecían atragantar a Phoenix .- Después se lanzo en picado a recogerte y llevarte sobre el altar mayor, allí Varinnia te dio unos primeros auxilios, ella y tu padre te trajeron hasta aquí. Alana vino detrás de ellos, lleva sin moverse de la puerta desde entonces, hemos tenido que traerle algo de comer, pero no ha querido probar bocado desde entonces.
- Bueno, comió ayer antes de la ceremonia,- repuse yo- Y no deben ser ni las doce de la mañana todavía.
- Ya, la verdad es,- continuo Andriuw arrascandose la frente como siempre ante una respuesta difícil y mirando a una esquina de la habitación- que hace cinco días de eso.
No podía hablar simplemente me quede con la boca abierta, pensando: "cinco días". No era capaz de creerme lo que estaba pasando, y ¿ Qué había pasado con la ceremonia? ¿Cómo podía haber pasado tanto tiempo? ¿Por qué la marca de mi espíritu guía era tan persistente, tan grande?
- ¿Te encuentras bien querida?- Pregunto Varinnia sacándome de mi trance con gesto preocupado.
-¿Qué? Mm, si, por supuesto.- Mentí y esbocé una gran sonrisa para que se despreocupara.-Creo que debería levantarme y empezar a retomarlo todo, al fin y al cabo tengo unos aprendices a los que enseñar el significado de ser un hechicero.
-No te preocupes por eso,- contestó Andriuw mientras yo terminaba con la tercera jarra de agua- yo me he estado encargando de ello durante tu convalecencia.
-Dejemos la sola para que se cambie y se prepare- Varinnia se acercó a mi y me susurro señalando la puerta a verde que daba al baño,- Te he dejado la bañera preparada, bien caliente, como a ti te gusta.- me guiño el ojo y salio detrás de todos los demás por la puerta que daba al amplio salón-comedor.
Me senté en el borde de la cama un poco menos dolorida, tenia puesta una de las túnicas blancas de la enfermería, volví a fijarme en las marcas de mis brazos, que parecían no apretar tanto como antes, y fui recorriendo con los dedos de mi mano izquierda los dibujos de mi otro brazo. Las vertebras de aquel extraño ser se enroscaban en mi brazo, acabando en algo parecido a una punta de flecha, y cuando estaba pasando mis dedos por la punta...
-¡Ay!-Una gota de sangre surgió de mi dedo, ¿Me había cortado?¿Una marca? ¿Algo que no parecía mas que un tatuaje?
Alana se asomo inmediatamente al ventanal con gesto inquieto y gruñendo.
-Tranquila, sólo... Es un corte.- Me levante y me aproxime a abrir el ventanal para que la brisa de verano entrase en la habitación.- Me han dicho que no has querido comer,-Le replique a la dragona que me miró frunciendo el ceño,- Sí, claro, échame a mi la culpa, como si te hubiese robado la boca para comer.- Le eche una mirada desafiante que se derrumbó en un instante convirtiendo se en sonoras carcajadas,acerco su cabeza a mi cuerpo y me puse a acariciarla un instante.- Bueno señorita creo que es hora de que comas algo, yo estoy bien, ya sabes que soy una pupas y si Varinnia te encuentra con la cabeza aquí metida nos va a caer una buena.
Alana saco la cabeza da la habitación y fue hacia el draconarió de la casa sin quitarme los ojos de encima. Di media vuelta y me dirigí hacia el baño, cuando entre los vapores de la bañera ya habían cubierto el espejo cuerpo entero que allí había. Me quite la túnica y pasé un trapo para desempañar el cristal y estudiar mas a fondo las marcas de mi cuerpo. "¡Vaya!", resonó en mi cabeza, las marcas no solo cubrían mis brazos, en mis hombros se apoyaban las dos cabezas de ese ser, en el hombro izquierdo surgía la cabeza de ojos y dientes rojos, como el fuego, y en el derecho parecía tener ojos y dientes de hielo, pero eso no era todo.Sus cuatro garras parecían hundirse en mi cadera, y en la espalda, de una columna de metal dos alas recogidas surgían de mis omóplatos tan perfectamente definidas que parecía que iban a abrirse y aletear en cualquier momento. Del final de la columna y por debajo de las alas dobladas, las colas ascendían hasta mis hombros y se enroscaban en mis brazos. Parece que la prohibición de mi padre de hacerme un tatuaje mientras viviese bajo su techo, no iba a tener mucha valía de ahora en adelante.
Después de un baño relajante y sin inconvenientes (al menos no me ahogue ni me secuestro el jabón frutal de Varinnia), conjure algo de ropa mundana, un vaquero algo desgastado, una camiseta militar y unas deportivas cómodas. Salí de la habitación dando un último vistazo a las marcas cuando sujetaba el pomo de la puerta.
En el salón-comedor Micke y Andriuw ponían la enorme mesa, mientras Phoenix y Will estaban sentados en el sofá remoloneando y hablando animadamente con Gael Donovan, para mi sorpresa. Donovan era conocido como " el viejo de la biblioteca";el bibliotecario retirado de la B.C.S. (Biblioteca Central de Samuin), pero que a pesar de todo parecía que vivía en la gran biblioteca, a cualquier hora le podías encontrar allí, con su túnica gris, su sombrero picudo de cuero viejo y sus babuchas azules; vagabundeaba por los pasillos o contando historias que alguna vez leyó a los aprendices.
-Parece que sales más que nunca de la biblioteca, Don. ¿Acaso soy la responsable?- Dije para saludar al viejo hechicero, que me devolvió una gran sonrisa entre su larga barba gris.
-Niña, nos has dado un tremendo susto a todos,siempre metiéndote en líos.- Se puso serio por un momento y se oscurecieron sus brillantes ojos azules a través de sus gafas antiguas mientras enfocaba en mis brazos y antes de estallar en carcajadas como un loco y alegar.- Parece que el regalo que te hizo tu espíritu es tan exagerado como tus convalecencias en casa de Varinnia, jajajaja.
Se abrió la puerta y entraron Aeryn y Max como una exhalación, corriendo hacia mí, se tiraron encima mio a abrazarme al grito de "¡Tata!" y los tres caímos sobre el sillón color canela que tenia detrás.
-No vuelvas a darnos un susto así.- Me espetó mi hermana muy seria.
-Ya vale, - se oyó a Varinnia desde la cocina- dejadla descansar.
-¿Descansar? - Oí a mi padre desde la puerta.-Pero si eso es lo único que ha hecho en los últimos días, tiene que empezar a moverse, además ahora tiene "responsabilidades".- añadió mirando a mis pupilos por encima de sus gafas de montura azul marino mientras cerraba la puerta.
-Eso lo decidiré yo,-Le espetó Varinnia saliendo de la cocina con una gran fuente de salsa seguida de Whynne, su trasgo doméstico, que iba cargado con una bandeja con cinco enormes pollos asados y otra con patatas cocidas y fritas .- Lo primero es reponer fuerzas, así que todo el mundo a la mesa.
-Me parece que os dejare comer tranquilos entonces.Tengo que volver a mi biblioteca. - Anuncio Don levantándose con un gruñido de esfuerzo.
- Vamos viejo,-dijo mi padre,- quédese a almorzar, tenemos comida de sobra para un regimiento de dragones y los pequeños estarán encantados de oír alguna de las leyendas populares que tanto te gustan.
-Me temo que tendré que rechazar tu invitación a la mesa,- Dijo el anciano hechicero acercándose a la puerta.- Pero a los pequeños y a su ya recuperada maestra podrían pasar esta tarde por la biblioteca si gustan de alguna historia.
-Allí estaremos Don.-Respondí automáticamente mientras me sentaba en una de las sillas que miraba hacia la ventana del comedor en la enorme mesa.
-Pues siendo así me voy ya,-Cogió su viejo bastón.- Hasta la tarde niños.- Con una sonrisa hizo aparecer un par de dragones de papel que fueron volando hasta los pequeños y se posaron en sus hombros.
Los niños se quedaron boquiabiertos, y sonrieron. En la mesa todo olía delicioso,una enorme fuente de sopa, el pollo, las patatas, las grandes jarras de zumo de grosella, de naranja, de manzana, de uva y los panecillos recién hechos, receta de Whynne, al que invite cordialmente a sentarse a mi lado después de su tercera vuelta cargado de la cocina. A pesar del aspecto maltrecho y deforme de la mayoría de los trasgos, los trasgos domésticos como Whynne, eran bastante parecidos a los duendes. Whynne, en concreto, media poco mas de cinco palmos de altura, tenia los ojos enormes, verdes y saltones, con grandes ojeras (ya que los trasgos domésticos apenas duermen), una boca fina, ancha y torcida , unas orejas grandes y puntiagudas y una piel parduzca surcada por las arrugas. Vestía su traje tirolés preferido, con un pantalón corto de cuero, camisa amarilla tirantes verdes y hasta un sombrero con pluma de Esfinge dorada.
El pequeño trasgo hizo una reverencia hacia mi con su gran sonrisa y se sentó a mi lado. No me di cuenta del hambre que tenia hasta que empezamos a comer, me entere que la marca de espíritu de mis amigos no había sido tan exagerada como la mía. A Phoenix, el cual se había cortado el pelo para que se le viese mejor la marca, su ave le había dejado una pluma colgando de su cabello, a Andriuw su Esfinge le había regalado una marca con forma de león en el hombro derecho, el de la fuerza y otra con forma de águila en el izquierdo, el de la sabiduría, a Micke su tritón, le regalo unas hermosas escamas plateadas en el dorso de su mano, y por último a Will su cerbero le obsequio con unos afilados colmillos que habían sustituido a los suyos , casi parecía un vampiro. En un momento dimos cuenta de todo lo que había en la mesa, incluso algunos repetimos varias veces. Con el estomago lleno y después de recoger la mesa, quedé en encontrarme con mis pupilos en la biblioteca en un par de horas, cogí un par de manzanas y salí en dirección al draconarío, necesitaba organizar unos asuntos y pasar por casa.
Cuando llegué me encontré a Alana dando buena cuenta del tercer cuévano de pescado. Levanto la cabeza y soltó un gran eructo. Cuando me vio ya había saltado la valla. Se acerco a mi olisqueando la bolsa con las manzanas, saque un par de ellas y las devoró encantada.
-Bueno pequeña, hay que ir a casa-dije mientras me subía a su lomo y me sentaba en el hueco entre las alas,- ¿Qué te parece si ahora damos nuestro "primer vuelo"?
Soltó un gruñido divertido, casi como una risa, y con un único batir de alas cogió impulso y nos elevamos, perdiéndonos entre las nubes.