-Adeas Draconis-
-¿Bajamos a hacerle una visita al redil antes de que lleguen los invitados?- Sugirió Andriuw.
- Vale,- respondió inmediatamente Will- total no hay nada más interesante que hacer hasta dentro de un par de horas- y nos pusimos en marcha.
El redil, la zona del draconario donde esperaban los huevos que serían entregados a los nuevos aprendices, había huevos de todos los colores, verdes, lilas, rojos intensos, dorados, negros, plateados y muchos más; y tamaños, desde tan pequeños como un balón de fútbol hasta tan grandes como ruedas de camioneta.
- Ese enorme, plateado, con motas carmesí ¿es el que le darán a tu primo Ely?- Preguntó Micke.- ¡Parece de tizón laureliano, impresionante!
-No, es el de mi hermana.-Contesté rápidamente- y es de nada más y nada menos que un huevo auténtico de tizón real de San Vicente.
- Pero un huevo así es casi imposible de encontrar,- intervino Phoenix completamente incrédulo- ¿cada cuanto anidan estos dragones, una vez cada 100 años?
-Cada 250, para ser exactos.- corrigió Andriuw- Pero, ¿cómo habéis conseguido una maravilla como esta?¿Y ese de alli, - Dijo con los ojos abiertos como platos señalando un huevo negro, con la superficie tan pulida como la de un espejo,- es un huevo de Alazan negro?
-Apuesto que ese sí es el de tu primo.- Contesto Phoenix entre risas- Claro, que teniendo de padre al mejor buscador de huevos de los últimos tiempos, como para no tener esas perlas. Lo que aun no entiendo es cómo puedes tener un Madii en lugar de una de estas preciosidades.
- Sabes que no creo en eso de "la raza lo es todo".- Conteste haciendo una mueca mientras nos dirigíamos hacia nuestros dragones- Simplemente lo escogí de entre los huevos de la trastienda, y no me ha dado ningún mal resultado.
-Hola pequeña,- susurré a mi pequeña joya mientras esta bufaba levemente y pateaba un poco el suelo,- ¿nerviosa? Sí, yo también lo estoy; se acerca el gran momento.
- ¡Hola Tata!- Grito una versión más pequeña de mi, con cabello rubio y ojos castaños que bajaba corriendo en mi dirección.
- ¡Aeryn!- Respondí a mi pequeña hermana mientras nos fundíamos en un cálido abrazo, que nos tiró al suelo entre risas.
- ¿Cuál es el mio?- Pregunto poniéndose en pie y dirigiéndose hacia el redil.
- Pues es ese de allí...
- ¡Andriuw!- Protesté llevándome el indice a los labios, para que mi amiga se callará y dejase de señalar mientras sujetaba a mi hermana por los hombros y desviaba su rumbo hacia las tiendas.- Aeryn, sabes que es una sorpresa. Vamos a prepararte y a buscar a tu primo Max.
Metí a mi hermana en la tienda a regañadientes, di media vuelta y me encaminé hacia la zona de rituales donde, como supuse, se encontraban mi primo Maxim, su hermanita Mary Margaret de cinco años y mi tía Donna.
-Hola Tata- Me saludo la pequeña Mary Margaret mientras sus preciosos rizos color chocolate jugaban con el viento a esconder su hermosa carita redonda de gesto enfadado.
"La viva imagen de su madre" pensé yo echando la cabeza hacia atrás y poniendo los ojos en blanco durante un segundo.
- Hola pequeña Mary, ¿por qué esa cara tan larga, sirenilla? -Pregunté
- Mamá no me deja ir a ver a los dragones.- Dijo cruzando sus pequeños brazos sobre el pecho y dándole la espalda bruscamente a su madre.- Dice que soy muy pequeña y eso no es verdad, tengo casi seis años.
- Pero mamá tiene razón y lo sabes,son demasiado grandes para ti.- La regaño Max
Mi primo Max, ya preparado con su túnica ceremonial, tenía la misma edad que mi hermana, doce años, la edad de iniciación al aprendizaje mágico. Max media poco más que mi hermana, un metro sesenta y cinco de altura y una espalda ancha típica de los varones de la familia Lawrance, su rostro alargado, su cabello corto dorado y su apacible mirada de ojos castaños le conferián una apariencia capaz de sosegar a cualquiera. Siempre emprendedor, alegre e imaginativo, con la habilidad de crear un castillo a partir de unas sabanas viejas y unos maderos de leña.
- No te preocupes sirenilla,- me agaché y la alcé en brazos dando una vuelta- dentro de poco tendrás tu propio dragón y podrás volar con él.
Con un beso en la mejilla la baje otra vez al suelo y corrió hacia su madre a preguntarle que dragones había porque ya quería ir escogiendo uno. De repente a pareció Aeryn y se puso a hablar con Max, me acerqué a los dos puse mis manos en sus hombros y empecé a hacerles su primer examen mágico por adelantado.
- Muy bien chicos, vamos a ver si sabéis esto, ¿cuál es la función del primer conjuro a realizar por un hechicero?
- ¡Andriuw!- Protesté llevándome el indice a los labios, para que mi amiga se callará y dejase de señalar mientras sujetaba a mi hermana por los hombros y desviaba su rumbo hacia las tiendas.- Aeryn, sabes que es una sorpresa. Vamos a prepararte y a buscar a tu primo Max.
Metí a mi hermana en la tienda a regañadientes, di media vuelta y me encaminé hacia la zona de rituales donde, como supuse, se encontraban mi primo Maxim, su hermanita Mary Margaret de cinco años y mi tía Donna.
-Hola Tata- Me saludo la pequeña Mary Margaret mientras sus preciosos rizos color chocolate jugaban con el viento a esconder su hermosa carita redonda de gesto enfadado.
"La viva imagen de su madre" pensé yo echando la cabeza hacia atrás y poniendo los ojos en blanco durante un segundo.
- Hola pequeña Mary, ¿por qué esa cara tan larga, sirenilla? -Pregunté
- Mamá no me deja ir a ver a los dragones.- Dijo cruzando sus pequeños brazos sobre el pecho y dándole la espalda bruscamente a su madre.- Dice que soy muy pequeña y eso no es verdad, tengo casi seis años.
- Pero mamá tiene razón y lo sabes,son demasiado grandes para ti.- La regaño Max
Mi primo Max, ya preparado con su túnica ceremonial, tenía la misma edad que mi hermana, doce años, la edad de iniciación al aprendizaje mágico. Max media poco más que mi hermana, un metro sesenta y cinco de altura y una espalda ancha típica de los varones de la familia Lawrance, su rostro alargado, su cabello corto dorado y su apacible mirada de ojos castaños le conferián una apariencia capaz de sosegar a cualquiera. Siempre emprendedor, alegre e imaginativo, con la habilidad de crear un castillo a partir de unas sabanas viejas y unos maderos de leña.
- No te preocupes sirenilla,- me agaché y la alcé en brazos dando una vuelta- dentro de poco tendrás tu propio dragón y podrás volar con él.
Con un beso en la mejilla la baje otra vez al suelo y corrió hacia su madre a preguntarle que dragones había porque ya quería ir escogiendo uno. De repente a pareció Aeryn y se puso a hablar con Max, me acerqué a los dos puse mis manos en sus hombros y empecé a hacerles su primer examen mágico por adelantado.
- Muy bien chicos, vamos a ver si sabéis esto, ¿cuál es la función del primer conjuro a realizar por un hechicero?
- Yo me lo sé, - contesto mi hermana- su función es abrir el huevo de dragón de aquellos que son iniciados.
- Genial Aeryn,- respondi.- ¿Puedes añadir algo más, Maximillian?
- Que este hechizo se realiza con la primera llamarada del dragón de los maestros en la ceremonia de iniciación.- Contesto de seguido y con una mirada de impaciencia.
Sólo faltaban unos instantes para que ese momento llegase para ellos, el primer hechizo, el Adeas Draconis.

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